DESIDERATA

Escucha entonces la sabiduría del sabio:

“Camina plácidamente entre el ruido y las prisas, y recuerda que la paz puede encontrarse en el silencio. Mantén buenas relaciones con todos en tanto te sea posible, pero sin transigir. Di tu verdad tranquila y claramente; Y escucha a los demás, incluso al torpe y al ignorante. Ellos también tienen su historia. Evita las personas ruidosas y agresivas, pues son vejaciones para el espíritu. Si te comparas con los demás, puedes volverte vanidoso y amargado, porque siempre habrá personas más grandes o más pequeñas que tú. Disfruta de tus logros, así como de tus planes. Interésate en tu propia carrera, por muy humilde que sea; es un verdadero tesoro en las cambiantes vicisitudes del tiempo. Sé cauto en tus negocios, porque el mundo está lleno de engaños. Pero no por esto te ciegues a la virtud que puedas encontrar; mucha gente lucha por altos ideales y en todas partes la vida está llena de heroísmo. Sé tu mismo. Especialmente no finjas afectos. Tampoco seas cínico respecto al amor, porque frente a toda aridez y desencanto, el amor es tan perenne como la hierba. Acepta con cariño el consejo de los años, renunciando con elegancia a las cosas de juventud. Nutre la fuerza de tu espíritu para que te proteja en la inesperada desgracia, pero no te angusties con fantasías. Muchos temores nacen de la fatiga y la soledad. Más allá de una sana disciplina, sé amable contigo mismo. Eres una criatura del universo, al igual que los árboles y las estrellas; tienes derecho a estar aquí. Y, te resulte o no evidente, sin duda el universo se desenvuelve como debe. Por lo tanto, mantente en paz con Dios, de cualquier modo que Le concibas, y cualesquiera sean tus trabajos y aspiraciones, mantente en paz con tu alma en la ruidosa confusión de la vida. Aún con todas sus farsas, cargas y sueños rotos, éste sigue siendo un hermoso mundo.

Ten cuidado y esfuérzate en ser feliz”.

Desiderata

16 de abril de 2011

Yo no quiero un amor civilizado, con recibos y escena del sofá. Yo no quiero que viajes al pasado, y vuelvas del mercado con ganas de llorar.

Yo no quiero vecinas con pucheros, yo no quiero sembrar ni compartir. Yo no quiero catorce de febrero, ni cumpleaños feliz.

Yo no quiero cargar con tus maletas, yo no quiero que elijas mi champú. Yo no quiero mudarme de planeta, cortarme la coleta, brindar por tu salud.

Yo no quiero domingos por la tarde, yo no quiero columpio en el jardín. Lo que yo quiero, corazón cobarde, es que mueras por mí.

Yo no quiero juntar para mañana, no me pidas llegar a fin de mes. Yo no quiero comerme una manzana, dos veces por semana, sin ganas de comer.

Yo no quiero calor de invernadero, yo no quiero besar tu cicatriz. Yo no quiero París con aguacero, ni Venecia sin ti.

No me esperes a las doce en el juzgado, no me digas “volvamos a empezar”. Yo no quiero ni libre ni ocupado, ni carne ni pescado, ni orgullo ni piedad.

Yo no quiero saber por qué lo hiciste, yo no quiero contigo ni sin ti. Lo que yo quiero, muchacho de ojos tristes, es que mueras por mí.

Y morirme contigo si te matas, y matarme contigo si te mueres. Porque el amor cuando no muere mata, porque amores que matan nunca mueren.