DESIDERATA

Escucha entonces la sabiduría del sabio:

“Camina plácidamente entre el ruido y las prisas, y recuerda que la paz puede encontrarse en el silencio. Mantén buenas relaciones con todos en tanto te sea posible, pero sin transigir. Di tu verdad tranquila y claramente; Y escucha a los demás, incluso al torpe y al ignorante. Ellos también tienen su historia. Evita las personas ruidosas y agresivas, pues son vejaciones para el espíritu. Si te comparas con los demás, puedes volverte vanidoso y amargado, porque siempre habrá personas más grandes o más pequeñas que tú. Disfruta de tus logros, así como de tus planes. Interésate en tu propia carrera, por muy humilde que sea; es un verdadero tesoro en las cambiantes vicisitudes del tiempo. Sé cauto en tus negocios, porque el mundo está lleno de engaños. Pero no por esto te ciegues a la virtud que puedas encontrar; mucha gente lucha por altos ideales y en todas partes la vida está llena de heroísmo. Sé tu mismo. Especialmente no finjas afectos. Tampoco seas cínico respecto al amor, porque frente a toda aridez y desencanto, el amor es tan perenne como la hierba. Acepta con cariño el consejo de los años, renunciando con elegancia a las cosas de juventud. Nutre la fuerza de tu espíritu para que te proteja en la inesperada desgracia, pero no te angusties con fantasías. Muchos temores nacen de la fatiga y la soledad. Más allá de una sana disciplina, sé amable contigo mismo. Eres una criatura del universo, al igual que los árboles y las estrellas; tienes derecho a estar aquí. Y, te resulte o no evidente, sin duda el universo se desenvuelve como debe. Por lo tanto, mantente en paz con Dios, de cualquier modo que Le concibas, y cualesquiera sean tus trabajos y aspiraciones, mantente en paz con tu alma en la ruidosa confusión de la vida. Aún con todas sus farsas, cargas y sueños rotos, éste sigue siendo un hermoso mundo.

Ten cuidado y esfuérzate en ser feliz”.

Desiderata

27 de agosto de 2011

La vida es más grande, es más grande que tú, y tú no eres yo. Las distancias a las que iré, la distancia en tus ojos… he dicho demasiado, lo levanto.

Esa soy yo en el rincón, esa soy yo en el centro de atención. Perdiendo mi religión, intentando mantener contacto contigo, y no sé si puedo lograrlo. He dicho demasiado, pero no lo suficiente.

Creí escucharte reír, creí escucharte cantar. Creo que creí verte intentar.

Cada susurro de cada hora en vela. Elijo mis confesiones, intentando no quitarte la vista de encima como un tonto herido, perdido y ciego.

Considera esto el consejo del siglo. Considera esto el desliz que me hizo arrodillar, decepcionado. Y si todas estas fantasías se van cayendo… Ahora si he dicho demasiado.

Pero eso fue sólo un sueño…